Excursión por el Estrecho del Bósforo

 Los minaretes de la Mezquita Nueva y de la de Suleiman nos saludaban desde tierra firme deseándonos una buena travesía. Las gaviotas, que nos acompañarían buena parte del viaje, comenzaban a revolotear en la popa. Estábamos en el catamarán público que sale de Eminönü comenzando nuestro paseo por el Bósforo.

Muelle de Anadolu Kavagi

Muelle de Anadolu Kavagi

Desde el agua se tiene otra perspectiva de Estambul, de sus mezquitas y minaretes que pinchan el cielo, de sus palacios, de las abigarradas calles del antiguo barrio de Gálata, los palacios que hablan del esplendor del Imperio Otomano. Las construcciones, nuevas y antiguas, se agolpan en la orilla para ver pasar el incesante desfile de embarcaciones de todo tipo y tamaño. Posados sobre la orilla, se destacan los señoriales yalis, las mansiones de veraneo construidas por familias otomanas poderosas durante los siglos 18 y 19.

Lista para soltar amarras

Lista para soltar amarras

El escritor y Premio Nobel turco Orhan Pamuk, en su libro de memorias Estambul. Ciudad y recuerdos, cuenta que de chico se pasaba horas en el balcón mirando pasar a los barcos petroleros rusos (que nosotros también vimos), a los barcos de pasajeros búlgaros, los cruceros turcos, a los elegantes transatlánticos italianos. Para Pamuk, el Bósforo celebra la vida, el placer y la felicidad en contraste con la melancolía de la ciudad.

Adiós, mezquitas (

Adiós, mezquitas (Nueva a la izquierda, Suleimán a la derecha)

El estrecho del Bósforo separa la porción europea de Turquía de la asiática y también divide a Estambul en dos. La importancia geopolítica de este estrecho radica en que conecta el Mar de Mármara con el Mar Negro y es paso obligado de muchos buques pesqueros, de carga y de pasajeros.

El catamarán tiene pocas paradas. Nosotros nos bajamos en la última, una aldea llamada Anadolu Kavagi que se encuentra en el lado asiático. Más allá, hacia el Mar Negro, el Bósforo está bajo control militar y no se puede pasar sin permiso.

Uno de los dos puentes

Uno de los dos puentes

Lo primero que me llamó la atención en Anadolu Kavagi fue el olor a pescado frito. Había muchos puestitos de comida listos para recibir a los turistas.

Pescadito frito

Pescadito frito

El Bósforo está encerrado por colinas, más altas cuanto más cerca de la desembocadura en el Mar Negro. Por lo tanto, Las calles de Anadolu Kavagi son empinadas y es mejor llevar calzado cómodo para subir a las ruinas de la fortaleza bizantina del siglo 14 que domina el pueblo. Eso sí, las vistas hacen que la caminata vertical valga la pena.

La pesca del dia

La pesca del dia

Al descender del castillo, nos sentamos en una mesa en un restaurant fuera del centro turístico. La mesa estaba en una especia de terraza pequeña sobre el agua. Sean comió la pesca del día grillada que salió ese día de esa misma agua meciéndose a nuestros pies.

Durante el viaje de vuelta se levantó un viento frio que acentuó el aspecto triste de ese jornada gris de enero. Pero las nubes se corrieron y el espectáculo del sol anaranjado poniéndose detrás de la ciudad compensó el frio con creces.

Llegamos

Llegamos

Si querés leer más acerca de la maravillosa Estambul, seguí estos enlaces:

La comida en Estambul

Apuntes desde Estambul

Imágenes urbanas: Estambul

Mi Estambul: Santa Sofía

Yapa

Con sol es otra cosa.

Con sol es otra cosa.

Un palacete turco

Un palacete turco

Bosphorus7 Bosphorus8

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