El mecánico de enfrente

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Cuando era chica, tendría unos cuatro o cinco años, en frente de casa había un taller mecánico. No recuerdo el nombre del dueño, pero me acuerdo que era bien morocho y medio rengo y usaba un overol azul cubierto de grasa. Y siempre, al menos me parecía a mí, estaba en la vereda. En realidad, supongo que estaría dentro del taller pero como el portón era del mismo ancho del local y estaba permanentemente abierto, era como si estuviera en la calle.

Cada vez que yo salía de casa, siempre acompañada de mi mamá, este señor dejaba de hacer lo que estaba haciendo en ese momento (incluso, si estaba en el fondo, venía para adelante) y con su mejor sonrisa, me decía “¡Adióooooooos preciosa!” desde el otro lado de la calle. Invariablemente, a mí me daba una bronca negra que me saludara así. Mama se reía y ¡encima le respondía! lo que me parecía una afrenta aun mayor. No sé por qué, pero no me gustaba que los desconocidos me hicieran preguntas ni que me tocaran.

Yahora, a los cuarenta y algo, no he cambiado mucho. En esa época, ideé lo que para mí era una defensa perfecta: cuando un desconocido (aunque fuera un vecino de toda la vida) me dirigía la palabra en un lugar público, le respondía de un tirón “nomemirenometoquenomediganada”. Acto seguido, los presentes explotaban de la risa y a mí me consumía la bronca. No entendía donde estaba la gracia, ya que les estaba diciendo que no me interesaba entablar ningún tipo de relación con ellos.

Esto pasó al anecdotario familiar. Años más tarde, mamá me comentó que el mecánico era un señor correctísimo y muy amable y que me saludaba siempre porque le causaba mucha gracia la reacción de una gordita rubia de cuatro años, de timidez disfrazada de hostilidad. Viéndolo a la distancia, me parece que también le tenía un poco de miedo. Dicen que los chicos asocian lo feo o deforme con lo malo, y como el mecánico sufría de una leve renquera, quizá yo pensaría que, efectivamente, era malo. Nada más lejos de la realidad.

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4 Respuestas a “El mecánico de enfrente

  1. Recuerdos como esos se nos quedan instalados con total claridad dentro de nuestras primeras impresiones. sobre ellos vamos, con el correr del tiempo, construyendo nuestra personalidad. Gracias por compartir tanto la anécdota como la foto…qué linda!

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