Ginebra (no la de Bols sino la de Suiza)

Grafiti en las paredes. Muchísimas motitos. En los semáforos, luz roja eterna, luz verde fugaz. Autos, autos y más autos: hacia el lago, desde el lago, alrededor del lago. Gente por todos lados y de todos lados. Precios muy altos y nivel de atención regular. Mendigos en la calle.

Ginebra merece un gran bostezo. Me pareció aburrida y monótona. No es para nada fea pero tampoco tiene granes atractivos. Por sobre todo, me desilusionó. Probablemente sea mi culpa. Me imaginaba la Suiza de Heidi mezclada con la sofisticación de una ciudad que ha sido refugio de artistas, la ciudad de Borges y de Carl Jung entre otros grandes, de los relojes más precisos del mundo, del chocolate más rico del  mundo, la de James Bond en Goldfinger, el centro financiero del mundo (y de lavado y financiación de terrorismo, pero eso no es glamoroso).

Gracias a Ginebra aprendí que uno tiene que tener la mente siempre abierta a lo nuevo y lo distinto y que los prejuicios y preconceptos restan en vez de sumar.

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Dejamos atrás Troyes camino a Ginebra tomando caminos alternativos a la autopista. Así pasamos por pueblitos muy pintorescos y vimos paisajes de montaña muy lindos, aunque cada vez me convenzo más de que no me gustan los caminos de cornisa.

Queríamos hacer el último tramo por el camino que bordea el lago Lemán (o lago de Ginebra) para poder apreciarlo bien. Lamentablemente, del lago vimos poco y nada porque las casas construidas a su orilla tapan la vista.

Ginebra nos recibió con un caos de tránsito monumental. Tuvimos la mala fortuna de llegar en hora pico de la tarde cuando todo el mundo vuelve de trabajar.

Nos alojamos en el hotel Manhotel. Hubo una confusión por parte nuestra y tuvimos que pagar otra noche. Encima la recepcionista tenía un trato bastante cortante y nada de simpatía. El hotel más estacionamiento (30 francos) nos salió lo mismo que diez días en la Toscana. Otra razón para no volver a Ginebra. Lo único bueno fue que nos regalaron una tarjeta para usar el transporte público. Hubiera preferido el desayuno, que a 25 francos (26 dólares, más o menos) me pareció caro. A pesar del cansancio, salimos a recorrer un poco para aprovechar la tarjeta. El transporte público es bueno, eficiente, puntual y limpio.

ginebra

Caminamos un poco pero ya eran como las ocho y los negocios estaban cerrados. Nos sentamos a tomar unas cervezas (caras y camarera poco amable como la recepcionista del hotel). Terminamos en un bolichito al lado del hotel cuyo cartel decía tapas caribeñas. Había tres mesas y un mostrador. En la tele pasaban una telenovela mexicana y el idioma predominante era el español. Resulta que la dueña es de la Republica Dominicana.

No tenían tapas y pedimos la especialidad de la casa: pica pollo, un plato típico dominicano. Es pollo rebozado y frito con guarnición de plátanos fritos y ensalada, todo riquísimo. Hasta ahora, lo mejor de Ginebra. Noté que la dueña fue la primera persona que nos sonrió en todo el día. Ginebra, una ciudad con gente seria.

Al día siguiente desayunamos con las facturas que habíamos comprado en Francia y café hecho en el cuarto. Fuimos al cementerio de Plainpalais, que es un jardín público bastante agradable y sobre todo tranquilo. Los únicos sonidos que se oían eran el canto de los pájaros y la máquina de cortar pasto.

Aquí encontré la conexión argentina: las tumbas de Jorge Luis Borges y del compositor Alberto Ginastera. En ambas había flores frescas. ¿Quién las habrá puesto? ¿Algún familiar? ¿Algún admirador? Borges y Ginastera comparten su descanso eterno con el teólogo Juan Calvino, uno de los padres de la Reforma Protestante.

pizap.com13683938698481(Esta nota del diario La Mañana de Neuquén explica el significado de las frases y dibujos)

Caminamos hacia el lago cerca de la desembocadura del rio Rhône (Ródano). Había que sortear avenidas, puentes, diques y mucho tránsito para llegar a la orilla del Leman. Me harté y pegué la vuelta.

Llegando al lago, hay neogcios de casa exclusivas como Chanel.

Llegando al lago, hay negocios de casas exclusivas como Chanel.

Au revoir, Ginebra. Buona sera, Génova.

 

 

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8 Respuestas a “Ginebra (no la de Bols sino la de Suiza)

  1. Oh Ana! Con todo lo resuelto que deben tener la vida en lo práctico, algunos países son fábricas de amargos… Conocer esto también enriquece, no? Y no tiene que ver con que son ordenados, o por el clima! Los suecos son amabilísimos y alegres, ordenadísimos y se mueren de frío tres cuartas partes del año…
    Re-buen post!
    Besos

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    • Ay, si, tenes razon! No se me ocurre la razon por la que la gente iba con gesto adusto por la calle. Muchos eran claramente inmigrantes, quiza no encontraron lo que esperaban?
      Me gustaria conocer Suecia pero en verano! 🙂

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  2. Tipico de suizo… creo que le meten tanto en la cabeza eso de ser educado y hacer lo correcto que se olvidan de todo lo demás… hasta de ser amables.
    Para paisajes tipo Heidi me parece mucho más linda la parte alemana de Suiza, más cerca de Zurich (otra ciudad que qué cara, por Dios!!!!)
    Las impresiones propias al final son lo más importante, y por lo menos uno se va curando de suspirar por vivir por esos lados!
    Que sigan disfrutando mucho el viaje!
    Besos!

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  3. Tengo el libro que explica el significado y el origen de los escritos y grabados de la lápida de la tumba de Borges. Es muy interesante.
    Gracias Ana por permitirnos acompañarte en tus viajes!

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