Velatorio en Dallas

Al día siguiente de llegar de Buenos Aires, me llamó una amiga, Kelly, para avisarme que había fallecido la mamá de Erica, una amiga en común, y que ese día velaban a la señora. Le dije que por supuesto íbamos a ir a acompañarla en ese momento tan duro. Quedamos en que me mandaba la dirección del lugar por mail.

Mientras hablábamos, me di cuenta de que no conocía el protocolo en estos casos: ¿se mandan coronas? ¿Flores? ¿Nada? En realidad, no sé muy bien qué hacer ni siquiera en Argentina. Fui a solo dos entierros y a los de mis abuelas no fui porque estaba en otro país. Me dijo que podía mandar flores o hacer una donación a SPCA (la liga de protección a los animales) porque Norma, la mamá de Erica, adoraba a los animales y colaboraba con esa entidad. Al llegar vi que había ramos de flores, pocos, y ninguna corona. Se ve no se usan.

A las 19.30, Sean y yo fuimos a la casa velatoria, que forma parte de un cementerio privado. No soy supersticiosa pero, la verdad, fue medio raro entrar a un cementerio de noche.

El lugar era bastante posh –fifí-, con alfombras bien gruesas (y caras), jarrones, empleados uniformados, mucho dorado. Había varias salas individuales. Nosotros nos quedamos en el pasillo, afuera de la sala de Norma. No quería entrar a verla porque no la conocía y, honestamente, me daba cosa porque era a cajón abierto. Hacia el final me acostumbré a la situación y entré sin problemas. Parecia como si estuviera durmiendo.La atmosfera era la misma en estas ocasiones: familiares llorando, amigos prestando apoyo moral, caras largas.

A eso de las 8 comenzó una pequeña ceremonia religiosa presidida por un sacerdote ortodoxo. Me pareció muy interesante. Fue un servicio cantado, por suerte en inglés  y no en ruso. El sacerdote sostenía una cruz dorada maciza y  un incensario con el que bendecía a la mamá de Erica y a los presentes mientras rezaba con canticos. Entre otras fórmulas religiosas, rezó-cantó un Padrenuestro, que no me esperaba.

La nota de color (u olor) la puso una señora mayor que salió de la sala porque le molestaba el incienso, igual que a mí. Se paró en la puerta, al lado de Kelly. Un hombre le acercó una silla pero la rechazó diciendo que no era tan vieja (tendría setenta y pico). Acto seguido, procedió a largar una ristra de pedos bien ruidosos. Creí que me iba a morir de la risa (al menos estaba en el lugar indicado). Todos los que estábamos detrás tuvimos que aguantar la carcajadas tapándonos la boca con la mano. Y lo peor es que si lográbamos calmarnos y nos mirábamos a los ojos, volvíamos a empezar. Es la segunda vez que me tiento de risa en un velatorio o entierro. Debe ser un modo de aflojar la tensión y manejar las emociones.

(No saqué fotos porque no era ni el momento ni el lugar adecuado. Tendrán que usar la imaginación)

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6 Respuestas a “Velatorio en Dallas

  1. Hubiera sido raro que te pusieras a sacar fotos alli!
    Que graciosa la señora tirandose de los suyos.. por lo menos descomprimieron la situación y se rieron un rato!
    Cada sitio con sus ritos, no?
    beso

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  2. ¿pero qué habría comido la viej…la señora??’ jajaja…si bien resulta buena excusa para distender el clima en una situación tan tensa e incómoda, la verdad es que no se entiende cómo alguien puede ser tan grosero!…¿no había un baño donde “guarecerse” mientras despedía sus gases?????jejejej

    un abrazo

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