Las chicas de tenis

Cuando llegué a Dallas no conocía a nadie ni tenía idea de cómo hacer amigos. De todos modos, por un tiempo mi mayor preocupación fue como lograr adaptarme a un país con una cultura diferente  a la mía.

Sean trabó amistad con un compañero de trabajo, Karl, quien a su vez nos presentó a sus amigos. De a poco fuimos entrando en ese grupo y haciendo más amistad con algunos y menos con otros.

Además de Karl y su grupo, Sean tenía un matrimonio amigo de cuando vivió en Dallas en los noventa. Ellos también son británicos. Tenemos amigos europeos y norteamericanos pero ninguno latino (aunque sí de ascendencia mexicana). Yo soy la única hispanoparlante nativa. Como anécdota aparte, una vez uno de ellos osó corregirme cuando dije Playa del Carmen a lo argentino en vez de “plaia”.

Entre nos, les tengo mucho aprecio a todos pero no siento la misma conexión que tengo con mis amigos de toda la vida con quienes compartí momentos inolvidables en cada etapa de la vida.

Con las chicas de tenis es distinto. Pensar que me estoy acercado a la edad que tenía mamá cuando estaba en un equipo de tenis y nosotros nos reíamos cuando se refería a sus compañeras como “las chicas”. A pesar de tener un interés en común, si nos ponemos a analizar, me destaco como un dedo mocho (traducción literal de la frase stick out like a sore thumb, que me causa mucha gracia). Yo soy la única extranjera y de las pocas no tejanas y la única que no tiene hijos. Aunque a simple vista no tenemos mucho en común, me siento muy a gusto con ellas.

Grace, Wendy, Kris, Teri, Jennifer, Sarah, Tami, Ami (y faltan otras que no salieron en la foto)

Durante la temporada de torneos, vamos a almorzar después de jugar partidos los jueves (día universal de tenis, parece). Las conversaciones suelen girar en torno a sus hijos y nuestros maridos. No siempre tengo algo para decir, claro, pero me gusta escuchar. Son mi ventana a la vida cotidiana familiar en Texas: que no saben qué  hacer para cenar esta noche, que al menor le fue mal en una prueba, que la maestra del más grande es una opa, que la llamaron de la enfermería porque la del medio tiene fiebre.

Por supuesto que tocamos otros temas, sobre todo tenis -cómo va el equipo, la formación del jueves que viene, los entrenadores, chismes generales-, algo de viajes –sobre todos los míos-, casi nada de política. Es un rato para confraternizar, compartir problemas y alegrías. Son todas historias de vida diferent4s pero a la vez universales. Quizá eso mismo sea lo que nos conecte. En el fondo, la esencia es la misma.

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5 Respuestas a “Las chicas de tenis

  1. Yo hice el jardín, la primaria y la secundaria en un colegio bilingüe de Baires. A la mañana, castellano; a la tarde, inglés. En la secundaria, te ponían preceptores. La de la tarde, era Mrs. Campbell. La Campbell, le decíamos. Una institución.
    Cuando empecé la secundaria, la Campbell debía tener – fácil – ochenta pirulos. Fumaba como Lanata. Pero era un esqueleto en pollera escocesa y mocasines. Y había un día (ponele que fuera el miércoles) que, aunque hubieras matado a Churchill, no te hacía quedar después de hora con ella, porque la Campbell los miércoles jugaba al bridge con “las chicas”.
    Tus chicas de tenis parecen más … ehm … “jovencitas.”
    Sí, es toda la misma esencia.
    🙂

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  2. Yo me perdí. Tu marido es inglés o americano?
    Está bueno que tengas amistades del lugar, supongo que la integración será mas fácil asi. Obviamente que nunca será la misma relación que con un hispano o un argentino, los códigos del idioma y del lugar de origen son esenciales para hacerse amigos.
    Mi viejo nunca terminó de integrarse del todo, cosa que le hubiera ayudado a vivir un poco mas contento, tenía un par de amigos americanos pero la mayoría eran latinos y sobre todo argentinos. También tendrá que ver que la comunidad argentina debe ser mas grande en Nueva York que en Dallas (esto lo digo desde la ignorancia total, en realidad no tengo idea).
    Nunca digas “plaia” por favor ajjajajaj!
    abrazo

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    • Noooooo, es mas fuerte que yo, no me sale decir plaia o torti-ia 🙂
      Mi marido es britanico, nacido en Brecon, Gales.
      En Dallas no hay tantos argentinos como en NY o sobre todo Miami, pero que los hay, los hay. Es mas, cuando nos mudamos, el capataz de la empresa de mudanzas era de Mendoza. Hay un centro de argentinos que hacen actividades pero nunca fui. Quiza al estar casada con un no argentino y tener familia politica no argentina ya estoy medio acostumbrada a estar entre foraneos y no me pesa no tener amigos argentos de aca. Cosa ‘e mandinga.

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