Cambio de planes: Austin y San Antonio (parte 2)

(La segunda parte de nuestro road trip improvisado.  Para leer la primera hacer click acá)

San Antonio está bastante cerca de Austin, llegamos en menos de una hora. Entre las dos, prefiero San Antonio, me siento más cómoda y me parece más linda.  Nunca tuve onda con Austin.

Era uno de esos días ardientes de verano, con sol que raja la tierra y el termómetro pisando los cuarenta grados. Paramos en cualquier lado para armar un plan de acción. Antes que nada, ir al hotel. Sugerí tentativamente que podíamos visitar alguna de las misiones franciscanas del siglo 18. Al menos una, de ese modo  yo me quedaba contenta y Sean no sufría de sobredosis histórica, pobre santo.

Empezamos por la misión San José. Así como los jesuitas crearon misiones en Argentina cuando todavía pertenecía al Imperio Español, los franciscanos hicieron lo propio en Texas, que también era territorio español junto con California, Florida, Arizona y Nuevo México. La misión San José es la más completa y mejor conservada. Iglesia, granero, molino, polvorín, viviendas de los indios cáhuiles, hornos y las habitaciones y oficinas de los frailes y carteles informativos bilingües con explicaciones básicas.

Vista de la mision de San Jose

Dejamos la iglesia para el final pero no pudimos entrar porque había un casamiento. Resulta que las iglesias de algunas misiones todavía funcionan como parroquias. Varios curiosos nos quedamos en la puerta de la iglesia para chusmear. Las puertas de madera labrada estaban cerradas, los invitados adentro ¡y la novia esperando afuera! Parecía el reino del revés. No me cabía en la cabeza como no se derretía al sol con tantas capas de género y de maquillaje. No me gustó el vestido (ni de esta novia ni de las otras ni de las madrinas) porque no es mi estilo, yo me hubiera puesto uno de seda fresca con breteles finitos y pelo atado, si no al rato pareces un espantapájaros. Comentarios de moda al margen, apenas pude vislumbrar el altar celeste y dorado cuando abrieron las puertas.

La novia espera

Como Hansel y Gretel, seguimos el Camino de las Misiones -marcado con mojones, no con miguitas- hacia la Misión Concepción. Por supuesto que, como todas,  tiene un nombre en español eterno de varios renglones, pero  llamémosla Concepción. En esta queda la iglesia y algunas habitaciones. La iglesia está restaurada respetando el estilo original pero en las demás habitaciones quedan rastros de los coloridos frescos originales.

A Concepción le siguió Espada.  Cada vez son más chicas y con menos cosas para ver. En Espada había bastantes ruinas pero la iglesia estaba intacta. Como no podía ser de otro modo, estaba cerrada por otro casamiento. Y la novia, esta vez con su cortejo, estaba cocinándose al sol detrás de las puertas cerradas. Deja vu. Un fraile franciscano pasó caminado y me imaginé que esa sería una vista muy común hace casi trescientos años.

Cortejo nupcial en la Mision Espada

San Juan, la última misión del día, estaba en reparación y tampoco había mucho para ver salvo restos de muros y la portería, donde cobraban peaje a los viajeros y comerciantes. La quinta y ultima mision es la famosa Alamo.

Exhaustos y muertos de calor volvimos al hotel a refrescarnos y descansar antes de ir a cenar. Comimos en un restaurante mexicano llamado A Cenar. Ojo, mexicano posta, no tex-mex. El lugar esta sobre el Rivewalk, a la vera del rio que cruza la ciudad, es muy pintoresco y la comida, muy rica. Caminamos un poco por la costanera antes de ir a dormir.

Riverwalk

El domingo fuimos a ver La Villita, un barrio de casitas antiguas de principios y mediados del siglo 19, creo que es monumento histórico. Representa un barrio mexicano y las casitas alojan negocios de artesanías y demás pero casi todos estaban cerrados. Fue una visita más que corta y estacionamiento caro ¡siete dólares por quince minutos!

En el camino de vuelta a Dallas hicimos una parada en el pueblo de West, en las afueras de Waco y a cien kilómetros de casa. West comenzó como una colonia checa y la comida, aunque más adecuada para días fríos, es muy rica. Encontramos un restaurant abierto solamente. La mujer que nos atendió, un amor de persona, venía a cada rato a darnos charla porque somos extranjeros y le gustaba escuchar nuestro acento.  A mí me dolía la cabeza y me dijo que esa noche iba a rezar por mi. Yo prefiero aspirina pero me enterneció su generosidad, típica de la gente de tierra adentro.

Pueblo de West

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4 Respuestas a “Cambio de planes: Austin y San Antonio (parte 2)

  1. Que preciosas las iglesias!!! soy como vos… la historia me puede y llega un momento en que mi marido me dice: baaaasta de ver cosas viejas jaja
    Que suerte que pusiste la foto en Instagram, sino me perdía este paseo!
    Besos

    Me gusta

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